Nicolás Estrada, Director del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental, Universidad de los Andes.

NICOLÁS ESTRADA
“COMO ESPECIE, LA SOSTENIBILIDAD ES UNA OBLIGACIÓN VITAL”

CONTACTO: El planeta enfrenta una crisis ambiental sin precedentes que demanda acciones urgentes, ¿cómo empezar a construir territorios más sostenibles?

Nicolás Estrada (N.E.): Por definición, sostenible es que se sostiene, que perdura en el tiempo. Por lo que la principal característica de un territorio sostenible sería necesariamente abandonar los hábitos que lo hacen insostenible, e ir generando dinámicas que nos permitan relacionarnos de forma respetuosa con el entorno del que hacemos parte. Uno de los cambios necesarios es superar la mirada dualista del entorno en la que, por un lado, estamos los humanos y, por el otro, la naturaleza que podemos utilizar. La nueva narrativa debería ser entonces ‘monista’: no usamos el ambiente, sino que hacemos parte de él y entendemos que somos tan solo una de las muchas partes que tiene.

CONTACTO: ¿Cuál sería la clave para lograr un tránsito efectivo entre una mirada y la otra?
N.E.
: Hace unos semestres, en un curso de introducción a la ingeniería civil, tuvimos la oportunidad de conversar con la antropóloga Natalia Robledo, a propósito del ingeniero Miguel Triana, que vivió hace siglo y medio. Ella nos explicaba que, en la ingeniería civil de esa época, la metáfora dominante era la idea de que debíamos ‘domar’ el entorno, por ejemplo hacer vías para conectar los territorios y generar una realidad de pertenencia, de nación. Era una óptica colonizadora, civilizadora incluso. Luego, pasamos a la metáfora del progreso, muy centrada en el control de la naturaleza y en el crecimiento de nuestro aparato económico. Creo que ahora necesitamos pasar a la metáfora del bienestar, del respeto, al cuidado de esta casa común, porque la sostenibilidad que está en juego es la nuestra como especie. Por eso hace falta partir del reconocimiento de que somos animales racionales y gregarios, tenemos que incorporar que el bienestar individual está ligado al bienestar comunitario. Por ejemplo, con esto en mente, la idea de una infraestructura desconectada de sus efectos sobre el medio ambiente es absurda.

CONTACTO: ¿Cuál debería ser el punto de partida para concebir esa ‘infraestructura para el bienestar’?
N.E.
: Interiorizar la idea de que un sistema de infraestructura, además de proveer ciertos servicios básicos, es también el reflejo de lo que la sociedad quiere ser, la historia que cuenta de sí misma. Un sistema de infraestructura es algo vivo, que continuamente se está moldeando a nuestra medida; y uno de los papeles de la infraestructura es soportar, realizar, esas ficciones que son importantes para nosotros y que nos unen en un proyecto común. Por ejemplo, pensemos en el sistema Transmilenio, en el que se mueven muchas más personas que en vehículos particulares. Podemos decidir a cuál de los dos medios le asignamos más recursos. ¿Qué dice esto de nosotros y de la sociedad que queremos ser? Otro ejemplo, pensemos en un sistema como el Viaducto Gran Manglar, sobre la Ciénaga de la Virgen. Si decidimos secar el manglar para construir la vía o si decidimos hacer un viaducto para proteger ese ecosistema, estamos imaginando dos historias muy distintas de nosotros mismos.

“Necesitamos pasar a la metáfora del bienestar, del respeto, al cuidado de esta casa común, porque la sostenibilidad que está en juego es la nuestra como especie.”

CONTACTO: ¿Qué retos tienen las ingenierías civil y ambiental en esta materia en Colombia?
N.E.
: Las dos tienen una relevancia enorme en el contexto colombiano. Las necesitamos para desarrollarnos como sociedad y para proveer bienestar para la población que no lo tiene. Por ejemplo, es difícil de creer, pero el 15 % de los colombianos no tienen acueducto y el 20 % no tienen servicio de alcantarillado, ni hablar de la cobertura en servicios de comunicación, que han sido tan importantes en el contexto de la pandemia. Desde el punto de vista ambiental, los retos también son enormes, por ejemplo, 20 % de nuestra población no tiene acceso a sistemas de recolección de basuras, y todavía vertimos sin ningún tratamiento la mayoría de nuestras aguas residuales. Adicionalmente, estos retos existen en contextos complicados, como una población creciente y con índices de pobreza muy altos, un ambiente de recursos escasos, y un sistema decisorio ineficiente y en algunos casos corrupto. Al mismo tiempo, también tenemos condiciones que pueden potenciar nuestro desarrollo, como una población joven cada vez más formada y tecnificada, y procesos nacionales como el acuerdo de paz, que aumentan nuestra capacidad de inversión y nos permiten cambiar de discurso.

CONTACTO: ¿De qué maneras las ingenierías civil y ambiental uniandinas están respondiendo a esas necesidades?
N.E.
: En los años recientes, hemos vivido un proceso de reflexión interesante que se concreta en la reforma curricular de nuestros dos programas de pregrado actuales. La transición hacia estos programas reformados empezará en los próximos semestres. Desde un punto de vista más general, y en buena medida gracias a nuestras actividades de investigación y consultoría especializada, el Departamento ha sido activo en el análisis de las dinámicas complejas que se crean en la interacción entre la sociedad, su base física y su entorno natural. Estas dinámicas han dado paso a un futuro programa en el área de sistemas urbanos sostenibles. También hemos trabajado mucho en la formación de habilidades transversales, cada vez más importantes en un mundo interconectado y diverso.

CONTACTO: ¿Este futuro programa se adapta a la tendencia que concibe a las ciudades como ecosistemas?
N.E.
: Tenemos una interacción y un impacto importante en el entorno social que nos acoge y parte de ese entendimiento resulta en una dinámica de cambio y adaptación. En su libro ‘Sapiens: de animales a dioses’ el antropólogo israelita Yuval Noah Harari muestra que lo que nos hace fuertes como humanos es nuestra capacidad de cooperar flexiblemente y en grandes números. Este fenómeno nos convierte en un sistema complejo, y, como cualquier sistema complejo, posibilitamos la emergencia de propiedades que no existen a la escala del individuo o del grupo pequeño. Algunas de estas propiedades son deseables, como la cultura y la ciencia; otras son problemáticas, como la contaminación y la desigualdad social. Una de estas propiedades emergentes es la aparición de estos “monstruos maravillosos” que llamamos ciudades; en cierta forma, el futuro programa nace de ese interés.

“Una de estas propiedades emergentes es la aparición de estos ‘monstruos maravillosos’ que llamamos ciudades; en cierta forma, el futuro programa nace de ese interés.

CONTACTO: ¿En qué innovan estos programas con miras a la consolidación de territorios sostenibles?
N.E.
: Lo más valioso que aportan es una nueva manera de relacionarnos con los problemas de la ciudad, entendiéndolos e interactuando con ellos de forma más interconectada y orgánica, trascendiendo la visión tradicional de los problemas de infraestructura y del medio ambiente. Por ejemplo, entendiendo que la crisis ambiental es también social porque sus efectos negativos se concentran en sociedades vulnerables.

CONTACTO: ¿Cuál es –o debería ser– el aporte de los profesores e investigadores en esta labor?
N.E.
: En mi opinión, estamos en un momento de la historia en el que más allá de avances tecnológicos necesitamos un cambio de paradigma, que apunte a reinventar la forma como hacemos ciencia y tecnología, y a entender la relación que esto tiene con nuestro entorno. Tenemos la gran tarea de transferir lo que hacemos para tener un impacto más directo y medible sobre la sociedad que nos acoge. Esto ya lo están logrando muchos de nuestros profesores, quienes han entendido las problemáticas, aportan información y motivan debates útiles para orientar a tomadores de decisión en diferentes temas, por ejemplo: la prohibición del uso de asbesto, la conservación del patrimonio colonial, la conservación de nuestro entorno biótico, la calidad del aire y el funcionamiento de pavimentos, entre otros temas cruciales para las ciudades.

CONTACTO: ¿Estamos de cara a un nuevo llamado para la academia?
N.E
.: Yo creo que sí. Creo que es momento de mirarnos y cambiar el paradigma, de entender nuestro papel como formadores, no solo de nuestros estudiantes sino de la comunidad en general, e idear maneras para que el conocimiento técnico y científico permee cada vez más en la sociedad.


La Facultad de Ingeniería de la Universidad de los Andes celebra el décimo aniversario de su programa más joven: Ingeniería Biomédica.

INFOGRAFÍA
10 AÑOS DE INGENIERÍA BIOMÉDICA EN LOS ANDES

INFOGRAFÍA:

10 AÑOS DE INGENIERÍA BIOMÉDICA EN LOS ANDES

El departamento más joven de la Facultad de Ingeniería completa una década. Te presentamos los diez logros más importantes que han marcado la historia de Ingeniería Biomédica.


Con trabajo multidisciplinario e Internet de las Cosas (IOT), ingenieros de la Universidad de los Andes idearon una solución para recolectar datos de sensores que miden la calidad del agua en Bogotá.

IOT E INTEGRACIÓN DE SENSORES EN CIUDADES INTELIGENTES

IOT E INTEGRACIÓN DE SENSORES EN CIUDADES INTELIGENTES

 ¿Cómo optimizar el monitoreo de dispositivos dentro de una ciudad inteligente? Ingenieros de sistemas y computación uniandinos se unieron a sus colegas de Ambiental y Electrónica para idear una solución que permitiera recolectar la información de sensores que monitorean la calidad de agua en Bogotá en tiempo real e identificar fallas en los dispositivos. Descubre cómo lo hicieron en este episodio de Paper Story.


Juan Sebastián Mayorga, ingeniero ambiental uniandino y científico de National Geographic.

JUAN MAYORGA
INGENIO PARA CONSERVAR LOS OCÉANOS

En el mundo de la oceanografía y la conservación marina, Juan Sebastián Mayorga es un ‘espécimen’ particular: analiza grandes volúmenes de información gracias a sus bases de ingeniería; estudia los recursos naturales bajo la lupa de la economía; dialoga con tomadores de decisiones, líderes mundiales, y comunidades costeras; desarrolla investigaciones con alto rigor científico; y recorre los mares del mundo con la valentía propia de un joven aventurero.

Desde 2015, cuando se vinculó al equipo de Pristine Seas –la iniciativa de conservación marina más importante de National Geographic– Juan Sebastián ha contribuido a la protección de área marinas en todos los océanos del planeta, desde el Ártico hasta el Antártico, explorando y estudiando los lugares más salvajes y trabajando con gobiernos y comunidades para garantizar su protección.

Su primera inmersión

Más que un trabajo, su vida en el mar es una vocación reforzada con el pasar de los años. Su fascinación por los océanos apareció en la niñez como una manera de aterrizar una profunda afición por los dinosaurios. “Además de coleccionar la revista National Geographic, con mi papá solíamos ver los documentales y un día vimos un especial en el que narraban que los tiburones habitan el mar desde la misma época en que vivieron los dinosaurios. La idea de que los tiburones fueran fósiles vivientes y hayan sobrevivido a la misma extinción masiva que acabó con los dinosaurios, me atrapó. Despertó una pasión absoluta por estos animales y, posteriormente, por su hábitat”, relata.

Años después, esa misma pasión lo motivó a vivir un año en Filipinas, en donde –a diferencia de lo que había sido su vida en medio de la Cordillera de los Andes– logró entender cómo los océanos eran vitales para el bienestar de millones de personas.

Mar e ingeniería, una amalgama posible

La experiencia en Filipinas acentuó su deseo por dedicarse a la biología marina, por eso, aunque decidirse por Ingeniería Ambiental en Los Andes no fue necesariamente sencillo, sí fue acertado.

“La Ingeniería Ambiental resultó combinar la biología y la ecología con las herramientas matemáticas, el pensamiento crítico y la perspectiva de lo cuantitativo. En Los Andes pasé cuatro años muy enriquecedores en los que aprendí un sinfín de cosas que jamás imaginé llegarían a ser tan importantes para mí”.
Juan Sebastián Mayorga

En su paso por la Universidad, Luis Alejandro Camacho fue un guía indiscutible. Juan Sebastián aún recuerda aquella clase en la que el profesor abordó los impactos de la descarga de sedimentos del río Magdalena sobre los corales de las Islas del Rosario. “¡En ese momento exacto me di cuenta de que conectar la ingeniería ambiental y la conservación marina era posible!”.

Al momento de desarrollar su proyecto de grado, fue el mismo profesor Camacho quien lo contactó con sus pares de la Universidad Nacional de Medellín, quienes lo aceptaron para hacer una pasantía en el Grupo de Investigación en Oceanografía e Ingeniería Costera (OCEANICOS). Así empezó a aplicar las herramientas con que lo había dotado la ingeniería en problemas de salud y conservación de los océanos.

Poco después, con una beca de Sea Education Association viajó a Estados Unidos para hacer un programa intensivo de oceanografía y navegación en el que tuvo la oportunidad de cruzar el océano Pacífico desde la Polinesia Francesa hasta Hawaii , una experiencia inolvidable que marcó el inicio de lo que serían los años venideros. Posteriormente, otra beca le abrió las puertas a la Universidad de California en Santa Bárbara (UCSB) a cursar una maestría en Ciencias Ambientales con énfasis en manejo de recursos marinos.

Ser ingeniero en el mundo de la conservación marina

En enlace con National Geographic fue casi natural. El Decano de su facultad en UCSB lo puso en contacto con Enric Sala, líder de Pristine Seas, quien vio el potencial de sumar un miembro más a su equipo que pudiera aportar la visión conjunta de la ingeniería y las ciencias ambientales en la misión de proteger los últimos lugares salvajes en los océanos. Aunque ha sido un gran reto hacer parte de un equipo multidisciplinar y tan diverso –conformado por científicos en diversas áreas, economistas, comunicadores, documentalistas, editores, fotógrafos, biólogos y relacionistas públicos, entre otros–, para Juan Sebastián son precisamente las bases que le dio la ingeniería las que le han permitido integrarse con éxito, dialogar y trabajar en la misma dirección.

Con esas mismas bases ha enfrentado los desafíos propios de ejercer la ingeniería ambiental. “Un gran reto es luchar contra el estereotipo del ambientalista; de que ponemos a los árboles o a los animales por encima del desarrollo económico y el bienestar humano. Con los años, he aprendido a proyectarme como un profesional que entiende que el desarrollo económico y la conservación del ambiente no necesariamente tienen por qué ir en contravía. En el mar, la conservación no solo busca proteger ecosistemas, también ayuda a recuperar pesquerías sobreexplotadas, a desarrollar actividades económicas sostenibles como el turismo de naturaleza, y a reforzar los vínculos de identidad cultural y espiritual que todos –de alguna u otra manera– tenemos con el océano”.

En su concepto, los elementos de la ingeniería le han dado el empuje para llegar al lugar en el que quería estar. “La ingeniería es una carrera que brinda herramientas que pueden ser empleadas en muchos escenarios. Esa manera crítica y cuantitativa de pensar los problemas es trascendental” asegura.

“En mi caso, saber programar, escribir código, sentirme cómodo con las matemáticas, procesar grandes cantidades de información y no intimidarme cuando me enfrento a una ‘avalancha’ de datos ha sido como tener un súper poder que en el ámbito de la conservación marina no es muy común”..
Juan Sebastián Mayorga

Labor científica: entre la esperanza y la acción

Las competencias anteriores, al igual que la apertura de los profesores para la mentoría, son cosas que agradece a la Facultad de Ingeniería y a Los Andes. Por lo que no duda en aconsejar a futuros ingenieros uniandinos que cultiven relaciones de mentoría bidireccionales con los docentes y les expresen sus intereses para que, así como lo hizo Luis Camacho con él, puedan orientarlos en la dirección correcta de sus sueños, aún cuando el campo de acción pueda llegar a ser algo desalentador.

En efecto, la degradación del planeta, sus recursos naturales y sus mares y océanos han alcanzado niveles alarmantes. “Hay mucha evidencia científica de que necesitamos proteger al menos el 30 % de nuestro planeta para reversar la crisis actual de biodiversidad y el cambio climático. En el caso de Colombia, aunque ha habido avances significativos en materia ambiental como, por ejemplo, la expansión del Santuario de Fauna y Flora Malpelo y del Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete, hay un constante hostigamiento a líderes ambientales que es sumamente preocupante”.

A pesar de ese panorama, Juan Sebastián se mueve entre la esperanza y la acción, y los resultados de su trabajo hablan por sí solos: su investigación aplicada ha contribuido a la declaración de 24 área marinas protegidas en todo el mundo incluyendo varias en América Latina como en las islas Revillagigedo (México), el archipiélago de Juan Fernández y Cabo de Hornos (Chile), Tierra del Fuego (Argentina), y las islas Darwin y Wolf en Galápagos (Ecuador). Esta ultima protege la biomasa de tiburones más alta del planeta.

Otros de sus trabajos –publicados en revistas de gran renombre internacional– han tenido también un impacto significativo. Hace un par de años, la revista Science publicó su trabajo para desarrollar un sistema que –con procesamiento de datos satelitales y uso de algoritmos de inteligencia artificial– permite monitorear e identificar actividades de pesca industrial en todo el planeta, en alta resolución y en tiempo casi real. Y más recientemente, la revista Nature publicó otro de sus trabajos en el que se priorizan lugares específicos del mundo en los que se pueden obtener mayores beneficios –en términos de conservación marina, seguridad alimentaria y acción climática– si se protege la biodiversidad marina.

Con base en su experiencia, a sus futuros colegas los invita a mantener viva la esperanza, a permanecer enfocados y –al igual que lo hacen en su equipo de Pristine Seas– a estar dispuestos a ir más allá de la ciencia y “hacer que las cosas pasen”.


Investigadores de Los Andes participan en un proyecto que diseñará la hoja de ruta para la descarbonización de las edificaciones en Colombia.

CIUDADES QUE RESPIRAN: HACIA EDIFICACIONES LIBRES DE CARBONO

José Alberto Guevara, Profesor Asistente de Ingeniería Civil y Ambiental, Universidad de los Andes.

LÍDER DEL PROYECTO

José Alberto Guevara | Profesor Asistente del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental, Universidad de los Andes. |  Ph.D. en Ingeniería Civil de la  Universidad Estatal de Virginia | ja.guevara915@uniandes.edu.co

Investigadores de Los Andes participan en un proyecto que diseñará la hoja de ruta para que, a 2050, tanto las edificaciones nuevas como las existentes en Colombia sean carbono-neutrales. La principal apuesta será incorporar una visión de todo el ciclo de vida de la edificación incluyendo procesos como la provisión de materiales, la deconstrucción, la interacción con el entorno, entre otros.

El sector de la construcción en su conjunto, entre obras y operación de edificios, es una de las fuentes de contaminación más importantes a nivel mundial, ya que consume el 36 % de la energía global y produce el 39 % de las emisiones de CO2, según un informe publicado por el Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas en 2017.

Ante esta situación, es importante avanzar hacia prácticas de construcción y edificación sostenibles, que contribuyan a la descarbonización de las edificaciones. Ese es precisamente, el principal objetivo de la iniciativa “Edificaciones neto cero carbono para todos” que fue lanzada en el Summit de Acción Climática de Naciones Unidas en el 2019 y cuyas principales metas son lograr edificaciones nuevas neto cero a 2030 y edificaciones existentes neto cero a 2050.

Para lograr esto, se está diseñando una hoja de ruta nacional que logre la neutralidad en carbono en las edificaciones, de manera que la cantidad de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) emitidas en el ciclo de vida de la edificación se reduzcan al máximo posible y logren ser compensadas, alcanzando un balance neto de emisiones igual a cero.

Con fondos del Global Environmental Facility (GEF) y bajo el liderazgo del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS) y del Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio (MVCT), Colombia fue seleccionado como uno de los dos países que recibirá asistencia técnica y económica para la puesta en marcha del proyecto, que tiene acciones a nivel nacional y a nivel local en las ciudades de Bogotá y Cali y en donde el Consejo Colombiano de Construcción Sostenible (CCCS) fue designado como socio local implementador con la asesoría de la compañía Hill Consulting y la Universidad de los Andes.

Uno de los aspectos más novedosos del proyecto es que se están analizando las edificaciones como un ciclo de vida, en donde no solo se consideran las emisiones producto de la operación de la edificación, sino que se incorporan otras variables para la estimación total del aporte de carbono, es decir, desde la fase de provisión de materiales, incluyendo las emisiones que se generan de la interacción con el entorno, las generadas durante el proceso constructivo y de operación y la posterior deconstrucción.

“Esta visión permite entender todas las fases que recorre un proyecto de construcción como son la fabricación de materiales para construir el edificio (cemento, acero, ladrillo, etc.) en donde la industria manufacturera entra a jugar un rol más importante, el transporte de materiales a la obra, los gastos energéticos de procesos constructivos, el consumo de energía, gas y agua de la edificación cuando ya se encuentra en funcionamiento y los procedimientos constructivos en caso de que el edificio vaya a ser demolido” menciona José Alberto Guevara, profesor del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental y asesor del proyecto.

Fuente: Consejo Colombiano de Construcción Sostenible (2021). Infografía realizada a partir de diagrama elaborado por Consejo Colombiano de Construcción Sostenible en el marco del Proyecto Acelerador de Edificaciones Neto Cero Carbono.

La clave para los investigadores está en mejorar los procesos productivos de toda la cadena que involucra el desarrollo de un proyecto de construcción. Ejemplo de ello puede ser lograr materiales de construcción con baja energía embebida, mejorar los procesos de diseño para optimizar la eficiencia energética de las edificaciones, impulsar mejores prácticas y hábitos de consumo de los usuarios para reducir los consumos en la operación y aumentar la adopción de fuentes de generación energética bajas en carbono y de energías renovables, entre otros.

Y en ese sentido, la hoja de ruta propone metas escalables y acciones puntuales con miras a desarrollar planes de acción específicos para avanzar en la descarbonización de edificaciones en las ciudades de Bogotá y Cali. “Como equipo de trabajo estamos justamente identificando los insumos de línea base y priorización de acciones transformadoras necesarias para la elaboración de la hoja de ruta nacional para que las edificaciones neto cero carbono en Colombia sean una realidad en 2050”, señala John Sebastián Salazar, ingeniero del proyecto.

Un diálogo nacional con los actores del sector de la construcción

Para el correcto desarrollo del proyecto se han establecido mesas de diálogo nacional y local en la que participan representantes del Gobierno Nacional, agremiaciones y asociaciones de la cadena de valor de la edificación, empresas privadas que trabajan en el sector, instituciones académicas y de investigación y organizaciones de la sociedad civil. El objetivo de estos espacios será determinar las metas que se deben establecer dentro de la hoja de ruta y las acciones específicas para lograr dichas metas.

Los grupos de expertos técnicos incluyen las diferentes variables a tener en cuenta en todo el proceso, como son la revisión y análisis de aspectos relacionados con los procesos industriales y de suministro de materiales, teniendo en cuenta la incorporación de nuevas tecnologías; los procesos de planeación y diseño de edificaciones; construcción y operación de edificaciones; energía limpia y compensaciones; los sistemas de las edificaciones; así como las características específicas de Bogotá y Cali, ciudades donde se realizarán las primeras implementaciones.

Para muchos actores que trabajan en el sector de la construcción, la gran pregunta es si esta nueva apuesta sostenible implica mayor inversión o gastos asociados a la operación y desarrollo de proyectos de edificaciones. En ese sentido, el profesor Guevara afirma:

“El análisis económico debe plantearse de forma distinta, justamente entendiendo los beneficios que implica a largo plazo adoptar la perspectiva del ciclo de vida desde un principio, ya que la inversión inicial que generaría un proyecto se compensa con la reducción de gastos de procesos constructivos y de operación en todo el ciclo de vida del proyecto”José Alberto Guevara, Profesor Asistente de Ingeniería Civil y Ambiental

Para esta perspectiva financiera, también se conformó una mesa de trabajo con expertos técnicos, en la que se realizará una revisión y análisis de instrumentos financieros, incentivos, viabilización de proyectos, bonos verdes, alianzas intersectoriales, entre otros.

Otro gran reto de este proyecto es lograr integrar las diferentes fuentes de información que están relacionadas con el ciclo de vida de las edificaciones, ya que los aportes de carbono de un proyecto de construcción se cuantifican de forma segmentada y lo innovador de esta iniciativa es incluir todos las variables -industria manufacturera, transporte, generación y consumo de energía, y procesos constructivos- para ofrecer con mayor precisión cuántos gases de efecto invernadero emite un edificio en todo su ciclo de vida.

“La idea es que el Gobierno Nacional y todos los actores que componen el sector de la construcción puedan diseñar mejores mecanismos de política pública en la que la visión de ciclo de vida de una edificación tenga mayor relevancia”, menciona el profesor Guevara.

Una metodología innovadora para proyectar las emisiones futuras

En el proceso de levantamiento de la línea base de emisiones que generan las edificaciones en Colombia, los investigadores de Los Andes han trabajado en una metodología innovadora que permitirá incorporar medidas de incertidumbre al modelo para hacer mucho más transparente y preciso el proceso de estimaciones de aportes de Gases de Efecto Invernadero (GEI) del inventario de edificaciones a 2050.

“La metodología ARIMA, que es la que se está trabajando en el proyecto, es un modelo estadístico que a partir de series de tiempo busca comprender la naturaleza de un conjunto de datos y predecir sus valores futuros, es decir, busca predecir valores futuros basados en valores pasados de una variable independiente y sus tendencias históricas”John Sebastián Salazar, ingeniero del proyecto ‘Edificaciones neto cero carbono para todos’.

Para el caso del proyecto, esta metodología buscará predecir variables como el número de metros cuadrados construidos en algunos subsectores dentro del sector terciario para predecir tendencias futuras. Para esto, usa el valor de los metros cuadrados construidos en el pasado y algunas variables que influencian el comportamiento dentro de cada subsector.

Por ejemplo, variables como los metros cuadrados construidos en educación y hospitales están profundamente influenciados por la población que utilizará estos servicios en el futuro.

“En conclusión, el modelo ARIMA permite establecer un intervalo de confianza para las proyecciones de los metros cuadrados construidos que posteriormente permite identificar un rango en el que fluctuarán las emisiones de dióxido de carbono producidas por el sector de la construcción en Colombia”, menciona el ingeniero Salazar.

La primera fase del proyecto finalizará en abril de 2022. Para entonces, se espera contar con los insumos de línea base y priorización de acciones transformadoras necesarios para la elaboración de la hoja de ruta nacional para edificaciones neto cero carbono y los planes de acción locales para las ciudades de Bogotá y Cali. “Este esfuerzo será, sin duda, un gran insumo para la elaboración del Plan de Desarrollo Nacional del Gobierno entrante”, asegura el profesor Guevara.

“Lo más importante que permitirá este proyecto para el futuro es cambiar esa concepción que se tiene de los procesos constructivos como las actividades netamente operativas del sitio donde va a funcionar una edificación. Entender que esos proyectos tienen un ciclo de vida que inicia desde la etapa de factibilidad y culmina hasta una posible demolición; y en esa apuesta, la academia tiene mucho por hacer”, concluye el investigador.

“Los futuros ingenieros civiles deben salir al mercado laboral con un concepción integral de gerencia de proyectos donde la sostenibilidad de los procesos sea protagonista”José Alberto Guevara, Profesor Asistente de Ingeniería Civil y Ambiental


¿Qué hace un ingeniero eléctrico? Universidad de los Andes.

¿QUÉ HACE UN INGENIERO ELÉCTRICO(A)?

¿QUÉ HACE UN INGENIERO ELÉCTRICO (A)?

El potencial de la ingeniería eléctrica es muy amplio: contribuye al desarrollo de la infraestructura de una sociedad y resulta crucial para todas las actividades diarias de la vida humana. ¿Te has preguntado qué puede hacer un ingeniero eléctrico, en qué campos se desempeña y con quiénes suele trabajar? Descubre más del mundo de la Ingeniería Eléctrica con este modelo de inteligencia artificial para identificar fallas en paneles solares.

Descubre el mundo de la Ingeniería Eléctrica a través del proyecto de Alejandro Rico, quien implementó un modelo de inteligencia artificial para identificar fallas en páneles solares.

¿Cuál es el aporte de la ingeniería eléctrica a la sociedad?

Los ingenieros diseñan, planean y estudian la operación del sector eléctrico en las áreas de generación, transmisión y distribución de la energía. De esta manera, la disciplina contribuye al desarrollo de la infraestructura de una sociedad y, por ende, al avance de la misma. La Ingeniería Eléctrica también contribuye con el progreso tecnológico para hacer uso de la electricidad en la industria, en el hogar, en el transporte eléctrico masivo (libre de emisiones) y todas las actividades diarias del ser humano.

¿Cuáles son los campos de acción de un ingeniero eléctrico(a)?

El ingeniero eléctrico uniandino(a) se destaca por sus habilidades técnicas y gerenciales, así como por su compromiso con el desarrollo del país. Tiene capacidad para investigar, aplicar o desarrollar técnicas y tecnologías de última generación. Puede desempeñarse en el estudio y análisis de sistemas de potencia o en el diseño, planeación y regulación del sector energético y eléctrico, con capacidad de impactar el desarrollo y modernización de la infraestructura eléctrica del país.

Debido a la gran demanda de expertos en desarrollo de dispositivos o maquinaria, también puede destacarse en empresas que suministran servicios en sectores afines, telecomunicaciones, sistemas de información, servicios educativos, de salud, recreación, seguridad, entre otras.

¿Con quién trabaja un ingeniero eléctrico(a)

Los ingenieros eléctricos uniandinos tienen la capacidad de participar eficazmente en un marco interdisciplinario, para solucionar problemas de la sociedad. Su visión complementa proyectos de alto impacto tecnológico en los que participan otros ingenieros (electrónicos, mecánicos, biomédicos, industriales o de sistemas y computación); profesionales de las ciencias sociales (economistas, administradores o sociólogos), así como científicos, a quienes aporta una visión aplicada de las disciplinas exactas (físicos, químicos, matemáticos).

La automatización, la inteligencia artificial y las energías renovables son campos que evidencian la necesidad de esta integración multidisciplinaria, en donde el ingeniero eléctrico(a) está llamado a aportar.

Descarga el folleto de Ingeniería Eléctrica
Conoce más del programa aquí

 

Un ingeniero eléctrico para destacar

DANIEL MUÑOZ
Gerente de Innovación del Grupo de Energía de Bogotá

Daniel Muñoz, gerente de innovación del Grupo Energía Bogotá.

Cuando era niño, se distraía jugando con imanes y carros con cables que él mismo les adaptaba. Recuerda que su padre, de quien heredó el gusto por la electrónica, lo llevaba a comprar materiales para ‘cacharrear’ en su natal Medellín. Fue así como a la hora de elegir carrera se inclinó por la ingeniería electrónica. Sin embargo, la ingeniería eléctrica se le cruzó en el camino y terminó enamorado de ella.

A principios de 2021, asumió el reto de alinear a al Grupo de Energía de Bogotá con las macrotendencias del sector energético: la descarbonización, la movilidad sostenible y la digitalización, entre otras. Daniel asegura que “el modelo no puede seguir siendo el mismo, no podemos seguir pensando en ser una compañía de infraestructura y mercado regulado. El mundo está cambiando y la innovación es el motor de crecimiento a largo plazo de la compañía”.

Lee todo el perfil de Daniel Muñoz aquí


María Camila Calderón, Summa Cum Laude, Ingeniería Química, Universidad de los Andes.

CAMILA CALDERÓN
“UNA IDEA BIEN EJECUTADA TRANSFORMA EL MUNDO”


La mayor pasión profesional de María Camila Calderón es la innovación, pues considera que una idea creativa bien ejecutada puede cambiar el mundo. “Esto aplica tanto para el diseño de productos y procesos, como para cambios globales como la transición energética”. Esta ingeniera uniandina nos cuenta las 5 cosas que marcaron su paso por la Facultad de Ingeniería.

Carrera: Ingeniería Química.

Promedio: 4,62.

¿Por qué estudiaste Ingeniería Química?  Siempre he sido muy curiosa. Quería aprender sobre cómo funcionan las cosas y cómo puedo lograr que estas mejoren desde la innovación.

¿Cuál fue la clase que más te impactó? Tal vez la de Operaciones Unitarias. Esta clase, en particular, presenta contenido fundamental para entender cualquier industria en la que quieras trabajar como ingeniero químico. Además, fue uno de los cursos en los que más logré ejercer la gestión de proyectos y el trabajo en equipo.

¿Cuál fue tu mayor aprendizaje en Uniandes? La Universidad me enseñó que para alcanzar un equilibrio entre excelencia y bienestar es necesario tener un adecuado manejo del tiempo, un alto compromiso ante la simultaneidad de tareas, ejercer liderazgo y aprender a trabajar en equipo.

¿En qué trabajas y cuáles son tus proyectos a futuro?  Actualmente trabajo en OCENSA, del grupo empresarial Ecopetrol, en un programa de entrenamiento para recién egresados. Llevo a cabo diferentes proyectos innovadores en distintas áreas de la compañía. Dentro de mis proyectos a futuro espero seguir creciendo como profesional y aportando a la sociedad desde el desarrollo de productos y procesos innovadores, que involucren la transformación digital y la sostenibilidad.

¿Qué consejo le darías a un “primíparo”?  Le recomendaría que disfrute al máximo cada día de su carrera, sin afán por graduarse o miedo por demorarse, pues la universidad es uno de los mejores momentos para disfrutar del aprendizaje sin temor a las equivocaciones. No hay que concentrarse en los problemas o las imperfecciones, mejor descubre de qué manera puedes crecer y promover el crecimiento de los demás. También le diría que no se niegue la posibilidad de pedir ayuda a sus profesores y compañeros, pues trabajando juntos los logros son mejores.


Taguandinos. Estudiantes de Ingeniería Industrial de Los Andes buscan potenciar la venta de artesanías a base de tagua a través de Instagram.

TAGUANDINOS, UN EMPRENDIMIENTO PARA APOYAR ARTESANOS BOYACENSES

TAGUANDINOS, UN EMPRENDIMIENTO PARA APOYAR ARTESANOS BOYACENSES

Ganador en la categoría ‘Materiales’ en la última edición de ExpoAndes, este proyecto, concebido por estudiantes de segundo semestre de Ingeniería Industrial de Los Andes, es una iniciativa que busca hacer más eficiente la comercialización y publicidad de las artesanías a base de tagua hechas en el municipio de Chiquinquirá (Boyacá) y que son diseñadas por maestros que llevan más de 50 años trabajando en estos productos.


Laboratorio de Prototipado de Alimentos, Departamento de Ingeniería Química y de Alimentos, Universidad de los Andes.

RECETAS CON INNOVACIÓN: LABORATORIO DE ALIMENTOS

RECETAS CON INNOVACIÓN: LABORATORIO DE PROTOTIPADO DE ALIMENTOS

Te invitamos a hacer este recorrido de 360 ° por el laboratorio de prototipado de alimentos del Departamento de Ingeniería Química y de Alimentos, desde donde es posible crear alimentos a pequeña escala, llevar a cabo estudios de estabilidad de productos alimentarios, hacer evaluación de empaques y colaborar con la industria alimentaria. Además, conoce uno a uno los equipos de última tecnología con los que cuenta este espacio concebido para la innovación.

Para acceder a información puntual de cada máquina, da clic cuando veas el rayo insignia de CONTACTO.


La ingeniería biomédica en la Universidad de los Andes tiene el potencial de combatir enfermedades vectoriales.

UNA ALIADA PARA COMBATIR ENFERMEDADES VECTORIALES

Juan Manuel Cordovez, Profesor Asociado del Departamento de Ingeniería Biomédica, Universidad de los Andes.

LÍDER DEL PROYECTO

Juan Manuel Cordovez | Vicedecano  de Investigación e Innovación y Profesor Asociado del Departamento de Ingeniería Biomédica, Universidad de los Andes. |  Ph.D. en Ingeniería Biomédica de la Universidad Estatal de Nueva York | jucordov@uniandes.edu.co

Por una década, el Grupo de Investigación en Biología, Matemáticas y Computacional (BIOMAC) de la Universidad de los Andes se ha dedicado al estudio de las dinámicas de transmisión de las enfermedades vectoriales en Colombia. Los hallazgos al momento han sido reveladores: la influencia de la vida silvestre y las condiciones climáticas en su desarrollo son algunos de ellos.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades de transmisión vectorial representan más del 17 % de todas las enfermedades infecciosas y cada año provocan más de 700 000 muertes en todo el mundo. Estas enfermedades suelen ser comunes en los países tropicales con condiciones climáticas aptas para la proliferación de mosquitos transmisores.

En Colombia, las enfermedades vectoriales han sido parte de la agenda de salud pública por casi treinta años pues su manifestación no ha sido menor. De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud (INS), la de mayor incidencia en zonas urbanas y rurales del territorio nacional es el dengue, cuyos ciclos epidemiológicos se presentan, aproximadamente, cada tres años. Los departamentos que registran los mayores casos a nivel nacional son Valle del Cauca, Bolívar, Norte de Santander, Tolima, Meta, Putumayo, Cesar, Huila, Antioquia, Córdoba, Cundinamarca, Santander, Magdalena y Atlántico. Malaria, enfermedad de Chagas y leishmaniasis son otras de las enfermedades de este tipo que han persistido en el país y, más recientemente, el chicunguña y zika.

Más allá de la picadura del mosquito

Algo de lo que poco se habla cuando de enfermedades vectoriales en entornos urbanos se trata es de las dinámicas de transmisión más allá de la acción del vector. Precisamente, ese ha sido uno de los objetivos de BIOMAC. En uno de sus trabajos más recientes –realizado en asocio con la Universidad de Ibagué– enfocado en el estudio de las interacciones entre factores socioeconómicos, ambientales y la dinámica de enfermedades vectoriales, el grupo de investigación encontró que una de las causas de los rebrotes es que la enfermedad queda albergada en la población silvestre.

Así lo explica Juan Manuel Cordovez, profesor asociado de Ingeniería Biomédica y director del grupo de investigación: “Es común asumir que en el contexto urbano se remueve el concepto de los ciclos silvestres, pues el entorno es humano. Pero es posible observar cosas que solo pueden sostenerse si hay una contraparte silvestre”.

“Muchos brotes usualmente suceden en épocas de lluvia, es decir, están asociados con el clima, pues los mosquitos proliferan y aumenta el contacto entre mosquitos y humanos. Pero de eso también podemos entender que los brotes se dan porque la enfermedad quedó en la población silvestre”.Juan Manuel Cordovez, Profesor Asociado de Ingeniería Biomédica

De acuerdo con el investigador, quien actualmente se desempeña como Vicedecano de Investigación e Innovación de la Facultad de Ingeniería de Los Andes, ciudades que –cómo Ibagué– cuentan con áreas rurales en su cercanía, pueden presentar brotes de enfermedades vectoriales con mayor frecuencia que aquellas grandes urbes más aisladas de las zonas silvestres. Este tipo de ciudades de clima templado aun conservan una cantidad significativa de animales de pueden contagiarse con los virus, guardarlos y propiciar que proliferen y contagien a seres humanos.

En Ibagué en particular, se sospecha que las enfermedades quedan contenidas en las zarigüeyas, ampliamente conocidas como ‘chuchas’. Gracias a análisis del grupo de investigación –que atrapó especímenes y les tomó muestras de sangre– fue posible identificar que las ‘chuchas’ contienen una gran cantidad de virus de alto riesgo para humanos como malaria, chagas, leishmaniasis, zika y dengue, entre otras.

“Los animales domésticos juegan también un papel muy importante, pues en ciudades en donde todavía hay una cercanía con el entorno rural hay, por ejemplo, cerdos en las casas, y estos también atraen muchos insectos y, por ende, enfermedades”.Juan Manuel Cordovez, Profesor Asociado de Ingeniería Biomédica

Agua y agroindustria, otras variables en la ecuación

Otro de los grandes hallazgos de esta investigación está relacionado con el agua. Más allá de lo que se usualmente se promulga relacionado con evitar empozamientos de agua, es realmente la inestabilidad en el suministro lo que incide en brotes de enfermedades vectoriales. Pues al no contar con agua potable, las personas se ven obligadas a tener reservorios de agua limpia en donde, contrario a lo que se cree, también proliferan los mosquitos. “Se pensaba que los mosquitos se reproducían únicamente en agua empozada, pero la realidad es que, por ejemplo, las larvas de Aedes Aegypti –mosquito tansmisor del dengue, zika y fiebre amarilla– prefieren el agua limpia”, puntualiza el investigador.

Como parte del proyecto, Sergio Balaguera, investigador de la Universidad de Ibagué, realizó un sobrevuelo con dron para construir un mapa aéreo en el que se identifican las zonas en donde suelen habitar los animales que suelen ser reservorios de virus. De igual manera, el estudio se ha venido complementando con sistemas de monitoreo de variables climáticas en diferentes zonas de la ciudad para entender el comportamiento de la transmisión de enfermedades vectoriales con la variación del clima y actividades agroindustriales, como, por ejemplo, el cultivo de arroz.

Epidemiología, un enfoque más de la Ingeniería Biomédica

Antes de la llegada de la pandemia del COVID-19 la Ingeniería Biomédica solía relacionarse únicamente con la biomecánica, las imágenes médicas, y el desarrollo de dispositivos y equipos médicos. Pero desde 2019 el enfoque de epidemiología de la disciplina ha saltado a la luz y ha mostrado un potencial y resultados antes insospechados.

“Además de que contamos con el conocimiento de las herramientas matemáticas computacionales y la capacidad de desarrollar modelos, también tenemos la formación en biología. Y por eso, la Ingeniería Biomédica tiene mucho que aportar en el campo de la epidemiología”.Juan Manuel Cordovez, Profesor Asociado de Ingeniería Biomédica

Gracias a los modelos matemáticos es posible comprender la propagación de las epidemias y planear estrategias de acción adecuadas. “Si se desarrollara una vacuna para, por ejemplo, las enfermedades vectoriales, no se estarían erradicando en su totalidad pues seguirían presentes en animales. Por eso es muy importante entender las dinámicas de este tipo de patologías, qué acciones se pueden hacer para disminuirlas y cómo controlarlas”, concluye el investigador.