Ricardo Morales, Profesor Asociado del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental, Universidad de los Andes.

LÍDER DEL PROYECTO

Ricardo Morales Betancourt | Profesor Asociado del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental, Universidad de los Andes. |  Ph.D. en Ciencias Atmosféricas del Instituto de Tecnología de Georgia | r.moralesb@uniandes.edu.co

Gracias a una investigación realizada en los últimos cincos años por el Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de Los Andes fue posible identificar y dar a conocer la alta exposición a contaminantes del aire a los que están expuestos los usuarios de TransMilenio, lo que contribuyó a tomar medidas para reducir estos impactos con muy buenos resultados.

El debate en torno a la calidad del aire en las ciudades y en los sistemas masivos de transporte no es un tema menor. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) nueve de cada diez personas respira aire contaminado.

Se estima que la mala calidad del aire es responsable de cerca de siete millones de fallecimientos cada año, pues la exposición a material particulado fino, conocido como PM2.5, puede provocar enfermedades cerebrovasculares, infecciones respiratorias e incluso cardiopatías de alta complejidad.

En 2018, el Departamento Nacional de Planeación (DNP), estimó que cerca de 10.500 muertes prematuras al año eran causadas por la exposición a contaminantes del aire en Colombia. En ese mismo año, el 2018 World Air Quality Report elaborado por Greenpeace y IQAir ubicó a Colombia como el quinto país de América Latina con mayor concentración de partículas en el aire y a Bogotá en el quinto lugar entre las ciudades de la región.

El estudio pionero

Teniendo en cuenta que los sistemas de transporte son una gran fuente de contaminación del aire, y que por la proximidad a las fuentes, los viajeros tienen una alta exposición, en 2015, el Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad de los Andes, bajo el liderazgo del profesor Ricardo Morales, director del Centro de Investigaciones en Ingeniería Ambiental y doctor en Ciencias Atmosféricas del Georgia Institute of Technology, junto con investigadores de otras universidades decidieron llevar a cabo un primer estudio sobre la exposición de estos contaminantes.

Para materializar el proyecto y obtener los datos requeridos para la investigación, se hizo un muestreo con estudiantes, quienes equipados con acelerómetro (dispositivo que permite medir la vibración o la aceleración del movimiento de un objeto), GPS y medidores de hollín y de material particulado, tomaron registros de la calidad del aire en la troncal de la Calle 80, en Bogotá, obteniendo datos de 31 buses, una estación y un portal de TransMilenio.

El estudio arrojó que la exposición al interior de los buses de Transmilenio era de más de 180 microgramos por metro cúbico de PM2.5. Estas partículas finas son categorizadas como las más nocivas debido a que penetran en un mayor porcentaje el sistema respiratorio. El resultado superaba nueve veces los niveles típicos registrados en las estaciones que miden la calidad del aire en Bogotá.

La investigación permitió además identificar que, pese al corto tiempo que pasan los usuarios en el sistema, la dosis recibida de PM 2.5 durante el viaje, superaba en un 20 % la dosis diaria que experimentaría una persona expuesta a los niveles estipulados por la OMS durante 24 horas. De acuerdo con dicho organismo, la concentración promedio en un lapso de 24 horas, no debe exceder los 25 microgramos por metro cúbico.

Otro dato importante que reveló el estudio es que el mayor problema de contaminación se daba al interior de los buses articulados, pues en las calles o en los portales los niveles eran sustancialmente menores.

La segunda fase

La pertinencia del tema motivó a la Universidad a llevar a cabo, en 2017, un nuevo estudio que cubrió la totalidad de las troncales de TransMilenio. En esa ocasión se realizaron 46 sesiones en 179 buses, 39 estaciones y en todos los portales del sistema.

Los resultados revelaron que todo el sistema de TransMilenio presentaba datos de exposición a contaminantes que alcanzaban los 176 gramos por metro cúbico de material particulado, incluso superiores a los que hay en los buses del SITP.

Unos meses después de la publicación de este segundo estudio, empezó el proceso de renovación de los buses de TransMilenio.

Para ese momento, la administración distrital de ese entonces, le daba un puntaje bajo al tema ambiental para adelantar el proceso de renovación. Sin embargo, el estudio, publicado en la prestigiosa revista científica Atmospheric Environment,  impulsó el debate y permitió que la licitación fuera más exigente con los requerimientos frente a la exposición de este tipo de contaminantes.

“Ese estudio era la única evidencia revisada por pares y con todos los elementos científicos. Gracias a esos datos, y a la acción de la ciudadanía, la versión final de la licitación incluyó un mayor puntaje a los oferentes de buses con un estándar de emisión más estricto”, aseguró el profesor Morales.

La licitación estableció que los buses nuevos debían ser combinación de gas natural Euro VI (con mucha menos emisión que la generada por los buses diesel) y buses diésel Euro V pero con un filtro de partículas diesel.

El aire mejoró después de la renovación

La Alcaldía de Bogotá, TransMilenio, Ecopetrol y otras entidades firmaron el pacto por la calidad del aire, con compromisos para mejorar el aire en la ciudad, en el marco de la renovación de los buses del sistema de transporte masivo que inició en 2019 y que culminó en 2020.

Para seguir aportando datos que contribuyeran a este pacto, Los Andes participó y ganó una licitación abierta por Ecopetrol para realizar la tercera fase de esta investigación. Esta nueva etapa del estudio se llevó a cabo en dos momentos del proceso de renovación de la flota de TransMilenio, de manera gradual a lo largo de un año, y se repitió exactamente la misma metodología para ver si había modificaciones en la exposición en los buses y troncales.

En esta tercera fase se realizaron 97 sesiones, analizando 438 buses, 49 estaciones y todos los portales de TransMilenio. La primera parte se realizó en 2019, cuando cerca de 400 buses ya habían sido reemplazados.

El análisis permitió encontrar que la concentración de material particulado y hollín se redujo en un 50 %. “Estos resultados tienen que ver más con la retirada de los buses viejos, que con la llegada de los nuevos que apenas ingresaban en ese entonces”, agregó el profesor.
En 2015 y 2017 los buses más viejos, con cerca de 20 años de servicio, eran los mayores emisores. Con su salida la concentración de material particulado bajó en todo el sistema, incluyendo estaciones, portales y al interior de los buses que seguían circulando.

“La diferencia de la calidad del aire en los buses nuevos es muy amplia en comparación con los datos de la primera investigación con los buses viejos”.
Ricardo Morales

En 2020, cuando se completó la renovación se hizo la segunda parte del estudio y los resultados fueron muy alentadores. En comparación con 2017 se registró una reducción del 78 % para material particulado y un 80 % para el hollín.

La publicación científica, que se encuentra en evaluación, cuantifica este fenómeno y se espera que pueda servir como evidencia de que esta clase de intervenciones en el transporte sí funcionan y se impulsen nuevas políticas públicas en esa dirección.

“Los resultados dan cuenta del potencial técnico y científico de la Universidad y, sin duda, alimentan el debate sobre la mejora de los sistemas de transporte en pro de una mejor calidad del aire. Sin embargo, la aventura apenas comienza. En el futuro estaremos estudiando la implementación de buses eléctricos y los impactos del uso masivo de la bicicleta en la ciudad”.
Ricardo Morales