Diversidad, curiosidad, oportunidad y libertad. Con estas palabras define su paso por la Universidad de los Andes, Jaime Galviz, el nuevo gerente general de Microsoft Colombia. Las matemáticas, el diseño y la creación lo acompañaron en su infancia. Durante las vacaciones trabajaba en la empresa de su papá, una fábrica de maquila, donde conoció todos los detalles de la producción, bodega, ventas y hasta talento humano, dependencia en la que laboraba su mamá.

Además de su pasión por los números y su fascinación por aprender de todo, por formación familiar tiene por principio de vida el compromiso de ayudar a los demás y de brindar a la gente la posibilidad de ser feliz. Con ese bagaje llegó a la Universidad de los Andes, donde por consejos de su hermana mayor, también uniandina, supo de todas las puertas que se le abrirían.

“No tenía muy claro qué quería hacer, me gustaba la ingeniería, el marketing y la creatividad”, recuerda. Se decidió por la ingeniería industrial, para explorar la línea de negocios. “Llegar a Los Andes fue una apertura, encontré esa variable de diversidad porque había estudiantes de todo el país, de otros países; allí la mente se abrió y aprendí a investigar, a buscar. Entendí que la universidad no solo era encontrar respuestas y soluciones; en Los Andes también están los fundamentos para encontrarse a sí mismo”.

El concepto de la inclusión también es un sello en todas sus actividades y se fortaleció durante este periodo. “La universidad para mí fue esa plataforma que me dio la libertad y esa posibilidad de escoger entre varias opciones y conocer múltiples puntos de vista. También reafirmó en mí el tema de cómo ayudar a los demás, cómo buscar el bien de la humanidad, esa formación humanística integral me ayudó a ser lo que soy hoy”.

Fue un estudiante entusiasta, en octavo semestre empezó su tesis de grado, en noveno la concluyó y para la misma época, en 1995, ya era empleado en Oracle, donde se destacó en la innovación de los modelos de negocios. Para ese entonces, tenía muy clara la importancia de la tecnología como una herramienta habilitadora de innovación que permite llevar soluciones a todo el mundo.

Tres consejos de Galviz a las nuevas generaciones: “Primero, todo lo que uno hace lo hace bajo una ética que te permite estar tranquilo, hay que tener claro los valores y vivirlos. Es muy importante descubrirse a sí mismo y estar en paz, es algo que no tiene precio. Segundo, la curiosidad es lo que te impulsa a estar adelante y la mayoría de las puertas las abres tú y, tercero, hay que preguntarse: ¿cuál es ese propósito con el que quieres impactar y ayudar a los demás?”.
Jaime Galviz

De nuevo otros cuatro conceptos definían su naciente camino profesional: tecnología, innovación, mercadeo y entrega. Recuerda que en Oracle tuvo jefes que le dieron muchas oportunidades y lo ubicaron en cargos, inclusive algunos para los que no se había entrenado. Sin problemas lo asumió, aprendió de nuevas tecnologías y se hizo experto en internet, bases de datos, georreferencias, inteligencia de negocios y analítica básica. También estuvo en ventas, sin embargo, lo suyo era armar modelos de negocios, así que cuando tuvo la oportunidad de hacerlo desarrolló el canal, entrenó a otros como él y, una vez más, la vida le abrió una nueva puerta: trabajar a Microsoft, compañía en la que lleva 22 años.

Mientras afianzó su interés por hacer de la tecnología una herramienta para reducir brechas sociales en todo el planeta, continuó con sus estudios.

En su formación se incluyen programas de negocios, gestión y marketing estratégico en el INALDE Business School en Bogotá, la Universidad de Michigan y la Universidad de Columbia en los Estados Unidos. Adicionalmente, ha asistido al programa de capacitación IPEC (Instituto para la Excelencia Profesional en Coaching) y ha formado parte del Programa de Liderazgo de Alto Rendimiento de la Escuela de Negocios de Saed, de la Universidad de Oxford.

Describe su trabajo en Microsoft como una relación de ‘alma gemela’. “Es una visión muy grande, muy inclusiva: el 80% del tiempo uno se tiene que enfocar en ese 20% de las poblaciones donde no hay inclusión y ver cómo la tecnología ayuda a democratizar la posibilidad para todos. He conocido gente a la que le cambió la vida cuando pudo formarse”.

Y ese fue el camino que emprendió en la compañía. Su labor se ha centrado en crear mecanismos de capacitación para jóvenes de todo el mundo. Lo ha hecho en América Latina y África con resultados que lo dejan muy satisfecho y en los que ha logrado la participación de gobiernos, organizaciones no gubernamentales e instituciones dedicadas a capacitación.

Cuando habla de los retos para el futuro, tiene claro que, por ahora, son dos: hacer que, bajo principios éticos, se utilice la tecnología con el único fin de lograr el bienestar de la humanidad y lograr llevar conexión a todos aquellos que no cuentan con esa posibilidad.

Y cuando se le pide un consejo para los jóvenes estudiantes y egresados, responde: “Tres cosas: Primero, todo lo que uno hace lo hace bajo una ética que te permite estar tranquilo, hay que tener claro los valores y vivirlos. Es muy importante descubrirse a sí mismo y estar en paz, es algo que no tiene precio. Segundo, la curiosidad es lo que te impulsa a estar adelante y la mayoría de las puertas las abres tú y, tercero, hay que preguntarse: ¿cuál es ese propósito con el que quieres impactar y ayudar a los demás?”.