La crisis del coronavirus ha sido una prueba  de  estrés de  nuestra resiliencia  digital y,  al  mismo  tiempo, un gran catalizador para acelerar la transformación digital. Solo imagínese lo que hubiera pasado si los gobiernos no hubieran dispuesto de herramientas digitales para hacer funcionar sus administraciones a distancia, sistemas digitales de gestión pública, o trámites en línea. Es impresionante que la infraestructura de telecomunicaciones en Latinoamérica haya funcionado y soportado aumentos de tráfico de Internet de hasta el 40%.

Los países que ya venían trabajando en su transformación digital habían creado capacidades en materia de infraestructura y servicios digitales, por lo que estaban mejor preparados para enfrentar la crisis. Sin embargo, estas capacidades no eran iguales para todos los sectores, ni para todos los niveles territoriales. Quedó en evidencia que había sectores de la administración pública –como el de la justicia– que no estaban tan bien preparados, y que la mayoría de los pequeños municipios tampoco contaban con el nivel de desarrollo digital de las grandes ciudades o de algunas entidades del nivel nacional.

“Es impresionante que la infraestructura de telecomunicaciones en Latinoamérica haya funcionado, soportando aumentos de tráfico de Internet hasta el
40 %”. María Isabel Mejía

Así mismo, se evidenció la gran brecha de conectividad de nuestra región. Como muestra el último informe sobre Perspectivas Económicas de América Latina 2020, en la región, tres de cada 10 personas no tienen acceso a internet. Mientras que el 81 % de los hogares más ricos está conectado, solo el 38 % de aquellos más pobres tiene conectividad. En zonas urbanas, un 67 % de los hogares tiene conexión, pero en zonas rurales este número cae al 23 %.

Los gobiernos tienen que seguir avanzando en la implementación de sus estrategias de transformación digital empezando por acelerar y completar las tareas pendientes, entre las cuales cabe mencionar las siguientes:

  • Cerrar la brecha de conectividad, pero sobre todo la brecha de apropiación.
  • Acabar de digitalizar los trámites de principio a fin, pero sobre todo masificar el uso de los existentes y mejorar su calidad.
  • Solucionar el problema de la interoperabilidad entre los sistemas de información del Estado.

En paralelo, deberían priorizar el trabajo en las siguientes áreas:

  • Aprovechar las grandes oportunidades del uso estratégico de datos y de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial.
  • Implementar estrategias de regulación inteligente, desarrollando marcos éticos, marcos de gobernanza y sandbox regulatorios.
  • Preparar a los servidores públicos para los trabajos del futuro, a través de la implementación de estrategias integrales de desarrollo de habilidades que incluyan: (i) la recapacitación (reskilling) de empleados cuyas tareas podrían ser sustituidas, (ii) la actualización de habilidades (upskilling) en todos los empleados mediante contenidos personalizados, y (iii) el reclutamiento de nuevos trabajadores con las habilidades duras y blandas requeridas.

Estas estrategias requieren del fortalecimiento y del trabajo conjunto del Estado con los diferentes actores del ecosistema digital, dentro de los cuales destacaría las GovTech¹ que pueden convertirse en aliados clave para que la administración pública sea más ágil e innovadora, y con la academia, en especial las facultades de ingeniería, que son fundamentales para contribuir en la formación del talento que requiere el sector público en la cuarta revolución industrial.
Según CAF, Banco de Desarrollo de América Latina, las GovTech son las ‘startups’ y pymes que usan tecnologías digitales, datos y metodologías innovadoras para resolver problemas públicos.