Después de comprobar las ventajas de la Recreovía, el programa público de actividad física en Bogotá, un equipo de epidemiología e ingeniería logró establecer beneficios en términos de capital social. Lo hicieron con tecnología y análisis de redes sociales temporales.

Encontrar la forma en la que un programa distrital como la Recreovía de Bogotá impacta los estilos de vida de las personas frente a la generación de relaciones sociales, fue el más reciente reto que se impusieron el profesor de Ingeniería Industrial Felipe Montes, la estudiante de maestría Ana María Jaramillo, y la epidemióloga y profesora titular de la Facultad de Medicina, Olga Lucía Sarmiento, con sus respectivos equipos de trabajo. Querían indagar cómo se construyen las interacciones sociales a través de la participación en programas de actividad física.

Por estudios previos, ya sabían que 4 de cada 10 usuarios de la Recreovía de Bogotá se dedicarían a actividades sedentarias si no contaran con ese servicio, o que para 2 de cada 5 usuarios ese es el único lugar donde practican actividad física. El programa es de acceso gratuito para los usuarios, y a la ciudad le cuesta apenas 8 centavos de dólar la clase por cada participante.

¿Qué es la Recreovía?

El programa de recreovías del Instituto Distrital de Recreación y Deporte de Bogotá nació en 1995. Busca promover y generar hábitos y estilos de vida saludables a través de la práctica de actividad física dirigida y musicalizada en sesiones de unos 45 minutos de duración. Hay más de 60 puntos en la ciudad, ubicados en 19 de las 20 localidades. Anualmente, registra más de 1,3 millones de usuarios de sus servicios.Además de promoción de hábitos de vida saludables, el programa pretende llegar en igualdad de condiciones a los diferentes grupos poblacionales de la ciudad, sin distinción de etnia, edad, género o condición social con un enfoque: cultural, incluyente, educativo y saludable.Además, se interesa por fortalecer los valores sociales que permitan la construcción de una sociedad participativa con sentido de pertenencia y cuidado hacia los espacios públicos de la ciudad.

El interés ahora era determinar qué otros beneficios además de los relacionados con la actividad física podría generar el programa entre sus participantes. Para eso siempre han trabajado en conjunto con el Instituto Distrital de Recreación y Deporte, que quería indagar por el desarrollo de comunidades alrededor del programa, dado que uno de sus propósitos es fortalecer los valores sociales.Para comprender el fenómeno, los investigadores hicieron uso de la tecnología: observaron durante 20 semanas el comportamiento de las redes sociales de personas asociadas a la Recreovía aprovechando la apertura de tres nuevos puntos: Meissen, Valles de Cafam y Santa Isabel.

Eso les permitió partir de cero interacciones entre unos y otros y ver su evolución. Así, fueron notando cómo de dos o tres interacciones, iban pasando a 7, a 10… hasta llegar a 2.565 interacciones entre 272 seguidores que suman las cuentas de Facebook de los tres nuevos puntos. “Empezamos a ver cómo estas personas que iban al programa empezaban a cohesionarse, a volverse una comunidad”, indica el ingeniero Montes.

Y no solo midieron la cohesión entre los participantes, sino entre los grupos de interés alrededor del programa. Entonces se fijaron también en las interacciones de los instructores, representantes de la industria de la recreación y el deporte, y miembros o entidades del gobierno distrital.

Así, pudieron identificar que, en general, los instructores tienen más interacciones que el resto de personas, dado que “son los que más exposición tienen de todo el grupo” y las figuras más visibles de todo el programa. El 44% de las relaciones virtuales de los instructores es con participantes, 25% con miembros de la industria, 15% con otros instructores y 16% con cuentas o personas del gobierno distrital.

Sin embargo, entre participantes hay un alto nivel de conexiones: el 34% de sus conexiones es con otros participantes, el 20% es con instructores y el 16% con miembros del Gobierno. Para los investigadores, ese nivel de aproximación entre participantes da cuenta de algo que denominan el crecimiento auto organizado, que sería lo que les permitiría eventualmente dejar de depender de la existencia de un programa o de la presencia de un instructor para generar acciones comunitarias.

Trabajo interdisciplinar para llegar a las fronteras del conocimiento con estudio de Epiandes“Cuando soñamos solos, los sueños son solo sueños; cuando soñamos juntos los sueños se hacen realidad”. Con esa cita, Felipe Montes recuerda a su mentor, Roberto Zarama, para explicar el éxito que han tenido en el trabajo interdisciplinar su laboratorio, conocido como el Social and Health Complexity Center, y el grupo de epidemiología que dirige Olga Lucía Sarmiento, Epiandes.

Trabajan juntos desde 2009 integrando metodologías de sistemas complejos a la problemáticas de salud pública y epidemiología de la ciudad. Ingeniería y salud pública avanzando en paralelo para llegar a las fronteras del conocimiento.

Lograr la integración a la que han llegado, en la que, de acuerdo con el profesor Montes, ya no necesitan traductores, porque “cada uno ya habla el lenguaje del otro”, ha sido un trabajo de tiempo, apertura y apoyo de investigadores que entienden y pueden trabajar con lógicas ajenas a su área de estudio, así como entidades y grupos de investigación que crean en el potencial del trabajo interdisciplinar.

En este caso, el Instituto Distrital para la Recreación y el Deporte (IDRD), que les ha permitido explorar posibilidades de investigación para encontrar el valor social y la relación costo-beneficio de sus programas. También organizaciones internacionales como el Center of Desease Control (CDC) en Atlanta (EE.UU.) y el Centro de Excelencia de Investigación en Modelamiento y Simulación de Fenómenos y Procesos Complejos (CEIBA), que han ofrecido el financiamiento que permite la evolución de la investigación.

Si bien la investigación evaluó las interacciones sociales virtuales, estas revelan interacciones reales. “Para que lleguen a Facebook debe haber una conversación, un momento posterior a la clase que llega por lo menos a la conexión de personas a través de la red social donde se comparte información personal. Eso ya implica un nivel mayor de relacionamiento que solo ir a la clase”, explica Montes.Además, es un modelo de investigación en línea que resulta más económico que otras alternativas y que generan proxis eficientes de capital social, de acuerdo con la epidemióloga Olga Lucía Sarmiento, quien recuerda incluso una ocasión en que la permanencia del programa estuvo en riesgo y los usuarios armaron grupos en redes sociales en los que abogaron por su permanencia.

Los hallazgos de esta investigación se publicarán en la revista Network Science, y se convierten en un insumo valioso para demostrar la pertinencia del programa para el bienestar de los bogotanos, pues con rigor científico puede asegurarse que promueve la actividad física, la calidad de vida relacionada con la salud, la satisfacción por la vida y, además, la cohesión y el capital social.

Llegar a esas conclusiones ha sido posible gracias a que la mirada del problema, o de la pregunta de investigación por resolver, se la plantean desde diversos modelos mentales. Por un lado, está la epidemiología y la necesidad de promover la actividad física como herramienta para reducir enfermedades crónicas y los consecuentes costos en el sistema de salud. Y por el otro, está el análisis de sistemas complejos, dado que las ciudades, sus programas y las relaciones sociales son ejemplo de ello. “Y ambas miradas tienen el mismo peso, es un trabajo interdisciplinar”, explica Olga Lucía Sarmiento.

Felipe Montes.
Ph.D. de la Universidad de los Andes.
fel-mont@uniandes.edu.co