En el mundo de la oceanografía y la conservación marina, Juan Sebastián Mayorga es un ‘espécimen’ particular: analiza grandes volúmenes de información gracias a sus bases de ingeniería; estudia los recursos naturales bajo la lupa de la economía; dialoga con tomadores de decisiones, líderes mundiales, y comunidades costeras; desarrolla investigaciones con alto rigor científico; y recorre los mares del mundo con la valentía propia de un joven aventurero.

Desde 2015, cuando se vinculó al equipo de Pristine Seas –la iniciativa de conservación marina más importante de National Geographic– Juan Sebastián ha contribuido a la protección de área marinas en todos los océanos del planeta, desde el Ártico hasta el Antártico, explorando y estudiando los lugares más salvajes y trabajando con gobiernos y comunidades para garantizar su protección.

Su primera inmersión

Más que un trabajo, su vida en el mar es una vocación reforzada con el pasar de los años. Su fascinación por los océanos apareció en la niñez como una manera de aterrizar una profunda afición por los dinosaurios. “Además de coleccionar la revista National Geographic, con mi papá solíamos ver los documentales y un día vimos un especial en el que narraban que los tiburones habitan el mar desde la misma época en que vivieron los dinosaurios. La idea de que los tiburones fueran fósiles vivientes y hayan sobrevivido a la misma extinción masiva que acabó con los dinosaurios, me atrapó. Despertó una pasión absoluta por estos animales y, posteriormente, por su hábitat”, relata.

Años después, esa misma pasión lo motivó a vivir un año en Filipinas, en donde –a diferencia de lo que había sido su vida en medio de la Cordillera de los Andes– logró entender cómo los océanos eran vitales para el bienestar de millones de personas.

Mar e ingeniería, una amalgama posible

La experiencia en Filipinas acentuó su deseo por dedicarse a la biología marina, por eso, aunque decidirse por Ingeniería Ambiental en Los Andes no fue necesariamente sencillo, sí fue acertado.

“La Ingeniería Ambiental resultó combinar la biología y la ecología con las herramientas matemáticas, el pensamiento crítico y la perspectiva de lo cuantitativo. En Los Andes pasé cuatro años muy enriquecedores en los que aprendí un sinfín de cosas que jamás imaginé llegarían a ser tan importantes para mí”.
Juan Sebastián Mayorga

En su paso por la Universidad, Luis Alejandro Camacho fue un guía indiscutible. Juan Sebastián aún recuerda aquella clase en la que el profesor abordó los impactos de la descarga de sedimentos del río Magdalena sobre los corales de las Islas del Rosario. “¡En ese momento exacto me di cuenta de que conectar la ingeniería ambiental y la conservación marina era posible!”.

Al momento de desarrollar su proyecto de grado, fue el mismo profesor Camacho quien lo contactó con sus pares de la Universidad Nacional de Medellín, quienes lo aceptaron para hacer una pasantía en el Grupo de Investigación en Oceanografía e Ingeniería Costera (OCEANICOS). Así empezó a aplicar las herramientas con que lo había dotado la ingeniería en problemas de salud y conservación de los océanos.

Poco después, con una beca de Sea Education Association viajó a Estados Unidos para hacer un programa intensivo de oceanografía y navegación en el que tuvo la oportunidad de cruzar el océano Pacífico desde la Polinesia Francesa hasta Hawaii , una experiencia inolvidable que marcó el inicio de lo que serían los años venideros. Posteriormente, otra beca le abrió las puertas a la Universidad de California en Santa Bárbara (UCSB) a cursar una maestría en Ciencias Ambientales con énfasis en manejo de recursos marinos.

Ser ingeniero en el mundo de la conservación marina

En enlace con National Geographic fue casi natural. El Decano de su facultad en UCSB lo puso en contacto con Enric Sala, líder de Pristine Seas, quien vio el potencial de sumar un miembro más a su equipo que pudiera aportar la visión conjunta de la ingeniería y las ciencias ambientales en la misión de proteger los últimos lugares salvajes en los océanos. Aunque ha sido un gran reto hacer parte de un equipo multidisciplinar y tan diverso –conformado por científicos en diversas áreas, economistas, comunicadores, documentalistas, editores, fotógrafos, biólogos y relacionistas públicos, entre otros–, para Juan Sebastián son precisamente las bases que le dio la ingeniería las que le han permitido integrarse con éxito, dialogar y trabajar en la misma dirección.

Con esas mismas bases ha enfrentado los desafíos propios de ejercer la ingeniería ambiental. “Un gran reto es luchar contra el estereotipo del ambientalista; de que ponemos a los árboles o a los animales por encima del desarrollo económico y el bienestar humano. Con los años, he aprendido a proyectarme como un profesional que entiende que el desarrollo económico y la conservación del ambiente no necesariamente tienen por qué ir en contravía. En el mar, la conservación no solo busca proteger ecosistemas, también ayuda a recuperar pesquerías sobreexplotadas, a desarrollar actividades económicas sostenibles como el turismo de naturaleza, y a reforzar los vínculos de identidad cultural y espiritual que todos –de alguna u otra manera– tenemos con el océano”.

En su concepto, los elementos de la ingeniería le han dado el empuje para llegar al lugar en el que quería estar. “La ingeniería es una carrera que brinda herramientas que pueden ser empleadas en muchos escenarios. Esa manera crítica y cuantitativa de pensar los problemas es trascendental” asegura.

“En mi caso, saber programar, escribir código, sentirme cómodo con las matemáticas, procesar grandes cantidades de información y no intimidarme cuando me enfrento a una ‘avalancha’ de datos ha sido como tener un súper poder que en el ámbito de la conservación marina no es muy común”..
Juan Sebastián Mayorga

Labor científica: entre la esperanza y la acción

Las competencias anteriores, al igual que la apertura de los profesores para la mentoría, son cosas que agradece a la Facultad de Ingeniería y a Los Andes. Por lo que no duda en aconsejar a futuros ingenieros uniandinos que cultiven relaciones de mentoría bidireccionales con los docentes y les expresen sus intereses para que, así como lo hizo Luis Camacho con él, puedan orientarlos en la dirección correcta de sus sueños, aún cuando el campo de acción pueda llegar a ser algo desalentador.

En efecto, la degradación del planeta, sus recursos naturales y sus mares y océanos han alcanzado niveles alarmantes. “Hay mucha evidencia científica de que necesitamos proteger al menos el 30 % de nuestro planeta para reversar la crisis actual de biodiversidad y el cambio climático. En el caso de Colombia, aunque ha habido avances significativos en materia ambiental como, por ejemplo, la expansión del Santuario de Fauna y Flora Malpelo y del Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete, hay un constante hostigamiento a líderes ambientales que es sumamente preocupante”.

A pesar de ese panorama, Juan Sebastián se mueve entre la esperanza y la acción, y los resultados de su trabajo hablan por sí solos: su investigación aplicada ha contribuido a la declaración de 24 área marinas protegidas en todo el mundo incluyendo varias en América Latina como en las islas Revillagigedo (México), el archipiélago de Juan Fernández y Cabo de Hornos (Chile), Tierra del Fuego (Argentina), y las islas Darwin y Wolf en Galápagos (Ecuador). Esta ultima protege la biomasa de tiburones más alta del planeta.

Otros de sus trabajos –publicados en revistas de gran renombre internacional– han tenido también un impacto significativo. Hace un par de años, la revista Science publicó su trabajo para desarrollar un sistema que –con procesamiento de datos satelitales y uso de algoritmos de inteligencia artificial– permite monitorear e identificar actividades de pesca industrial en todo el planeta, en alta resolución y en tiempo casi real. Y más recientemente, la revista Nature publicó otro de sus trabajos en el que se priorizan lugares específicos del mundo en los que se pueden obtener mayores beneficios –en términos de conservación marina, seguridad alimentaria y acción climática– si se protege la biodiversidad marina.

Con base en su experiencia, a sus futuros colegas los invita a mantener viva la esperanza, a permanecer enfocados y –al igual que lo hacen en su equipo de Pristine Seas– a estar dispuestos a ir más allá de la ciencia y “hacer que las cosas pasen”.