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Como en la cuenta regresiva de un proceso, siete profesores del Departamento de Ingeniería Química están a la caza de estudiantes que quieran dedicar cuatro años a la investigación doctoral, que promete grandes aportes en innovación y tecnología para el país.

La tradición investigadora, el trabajo en equipo y el cumplimiento de ciertos requisitos administrativos permitirán que, en el corto plazo, el Departamento de Ingeniería Química, uno de los más jóvenes de la Facultad, pueda ingresar en el universo de los doctorados.

La Ingeniería Química, dice Andrés González Barrios, profesor de este Departamento y doctor en Ingeniería Química de la Universidad de Connecticut (Estados Unidos), es una de las disciplinas que mayores aportes en innovación y tecnología le pueden hacer al país. Esto, afirma el profesor, es clave para enfrentar el Tratado de Libre  Comercio (TLC) y para sacarle provecho, por ejemplo, a la biodiversidad de la que tanto hacemos gala.

El Departamento de Ingeniería Química se creó a comienzos de la década de 1990. Esta juventud es la explicación de que no tenga todavía estudiantes doctorales pues, como explica González Barrios, para dirigir una investigación doctoral un profesor debe recorrer un camino, que todo el equipo de este Departamento ha transitado casi al  mismo tiempo, e implica haber tenido una persona capacitada con suficiente antelación: “Primero fuimos instructores, luego hicimos el doctorado, después fuimos profesores asistentes y apenas hace poco más de un año somos tres los profesores asociados. Esto ya nos autoriza a dirigir un trabajo de esta categoría. Esa experiencia  en conjunto nos ha hecho un equipo fuerte, lo cual nos permitirá impulsar el doctorado con mayor eficiencia” y darles más largo alcance a las investigaciones que vienen realizando.

La investigación es un objetivo fundamental y claro en el plan de desarrollo del Departamento y una etapa previa al doctorado es la maestría. “En términos de posgrado  somos tan nuevos que acabamos de graduar nuestra primera promoción de maestría”, señala González Barrios.

Además de esos escollos que son parte natural del darle vida a un programa reciente, hay problemas objetivos más difíciles de superar. El principal de ellos es que el  país no ha entendido los aportes en innovación que la Ingeniería Química le puede ofrecer desde la investigación. “En Estados Unidos, estos doctores son los mejor pagados de la industria. Pero en Colombia es difícil encontrar quién quiera pasarse cuatro años en esto; quien se dedica a ello lo hace por un asunto vocacional. Porque —por lo menos en Bogotá— es difícil que los contraten o que una empresa quiera patrocinar un estudiante doctoral. Sin embargo, esto está cambiando en algunas ciudades, pues he sabido de compañías que, inclusive, están patrocinando sus estudios”.

Ese aspecto de la financiación, en el área de la Ingeniería Química es complicado, explica el profesor González Barrios, porque esta disciplina se relaciona con un área  del conocimiento que requiere mucha inversión y es muy intensiva tecnológicamente. Las problemáticas de un doctorado en esta Ingeniería necesitan un capital muy  alto para comprar equipos de la parte analítica, de diseño, de desarrollo de producto. El trabajo en innovación tecnológica es a mediano y a largo plazo y requiere  capital de riesgo mayor al que típicamente estamos acostumbrados a invertir.

A pesar de ello, Óscar Álvarez, Jorge Mario Gómez, Watson Vargas, Pablo Ortiz, Rocío Sierra, Felipe Muñoz y el mismo González están empeñados en buscar  estudiantes que quieran aportarles a las investigaciones que ellos comenzaron desde el tiempo de sus propios doctorados. Estas son, por una parte, el diseño de producto relacionado con el trabajo de emulsiones de Óscar Álvarez: existen las facilidades en términos de equipos y personas para desarrollar ese conocimiento.  Además, Álvarez ya tiene un vínculo con Belcorp —empresa dedicada a elaborar productos cosméticos y de cuidado personal—, pues con ellos ha hecho varias  investigaciones.

Otra posibilidad es el sector petroquímico, aplicando las investigaciones que, en optimización, ha llevado a cabo Jorge Mario Gómez. Este es un saber que se puede  usar de manera transversal y que tiene muchas opciones por los contactos del profesor con Ecopetrol.

Por su parte, el profesor Watson Vargas ha estado desarrollando el kit de diagnóstico usando nanopartículas; Pablo Ortiz trabaja en el entendimiento de los procesos  de deposición química de vapor; Rocío Sierra, en la obtención de combustibles a partir de procesos biológicos acoplados con procesos químicos, y Felipe Muñoz, en el  análisis de riesgos y accidentes industriales con un vínculo muy interesante con el Fondo de Prevención y Atención de Emergencias del Distrito (Fopae) que cobijaría  muchos intereses en materia de doctorado con el enfoque de Bogotá-Región.

Andrés González, que ya tiene una candidata a estudiante de doctorado, trabajará, en conjunto con Corpogen y el Departamento de Ciencias Biológicas, en la  modelación de las reacciones químicas involucradas en ecosistemas usando balance de flux metabólico dinámico. Esta aproximación permite entender el papel de los ciclos biogeoquímicos en lugares tales como termales, ubicados en el Parque de los Nevados en Colombia. Es una investigación teórica pero puede servir para ver, en  escala micro, los efectos del calentamiento global en estos ecosistemas.

Además de los anteriores, desde la investigación doctoral la Ingeniería Química también puede aportar en agricultura y muchos otros campos, y será una herramienta  que, según el doctor González Barrios, nos volverá competitivos en muchos campos frente a los desafíos que se avecinan con el TLC.

Última actualización el Miércoles, 31 Julio 2013 14:43