Las basuras no son basura

Diseñar estrategias a la medida de los distintos sectores socioeconómicos en los que se divide la ciudad proporcionará una salida viable al manejo de residuos sólidos. Es urgente encontrar un camino para la materia orgánica.

Las basuras de una ciudad son un monstruo con vida propia. Y las orgánicas, su veneno, la parte más peligrosa para el medio ambiente. Porque las repercusiones de la degradación de la materia orgánica en el relleno sanitario son tan amenazadoras para el entorno como pueden serlo la proliferación de las basuras plásticas: el efecto de los lixiviados en los suelos y sus acuíferos tarda en desaparecer hasta 100 años y durante 30 años hay emisión de gases contaminantes y de efecto invernadero.

Para el ingeniero mecánico Jorge Medina, doctor en Materiales de la Universidad de Navarra (España), y director del grupo CIPP-CIPEM de Materiales y Manufactura, en el Plan Maestro el Manejo Integral de Residuos Sólidos (PMMIRS) están plasmadas las directrices para su disposición inteligente. Pero implica adoptar esquemas de reciclaje y construir plantas de transferencia de los residuos para hacer la separación más fina. También, que la materia orgánica, los plásticos y el papel se separen de forma efectiva, de manera que la recolección pueda hacerse por separado y que alimente los escenarios de reciclaje. “Técnicamente el Plan funciona pero siempre y cuando haya elementos de integración, es decir, que estén involucrados todos los que hacen parte del proceso, para que las autoridades puedan exigir cumplimiento y responsabilidad compartida”.

El ingeniero químico Manuel Rodríguez Susa, profesor del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental, con doctorado en Ingeniería Ambiental del Institut National des Sciences Appliquées de Toulouse (Francia), opina que en Bogotá la gestión de residuos sólidos es arcaica: “En Colombia, el relleno es la primera instancia para la disposición de las basuras, cuando debe ser la última. Países que no tienen terreno pero sí una gran población la incineran,
lo que implica reducir en un 97% el volumen”. Además, opina que el reciclaje es muy bajo porque no hay una política de Estado que lo estimule. Aclara, sin embargo, que este es solo un eslabón de la cadena, que debe estar compuesta por separación en la fuente, recolección, valorización, reciclaje, biodegradación, compostaje y pretratamiento de las basuras antes de llegar a su disposición final en un relleno sanitario.

De acuerdo con un estudio realizado en el 2005 por la Universidad de los Andes para la Unidad Ejecutiva de Servicios Públicos del Distrito, dirigido por el profesor Rodríguez, el 18% de los residuos generados en las casas son potencialmente reciclables. Sin embargo, las bajas tasas en la capital se deben, según él, a un problema de mercado para lo cual plantea una estrategia: “El Estado es el mayor consumidor del país. Qué tal si establece una política mediante la cual el 30% del papel que se utilice en las entidades oficiales deba ser reciclado; si se exige que las botas que se usan en el  ejército tengan un componente del 15% proveniente de llantas. Si el Estado asume tal política, incluso si es más costosa, estaría promoviendo la fabricación de productos con materiales reciclados y esto estimularía la industria”.

El ingeniero químico explica que en la cadena de una gestión adecuada primero hay un ejercicio preventivo para evitar la generación de residuos  sólidos: un mal embalaje, una mala presentación genera residuos; todos los componentes deben ser reciclables, fácilmente extraíbles. Hay que ser muy
creativos. Luego, hay tres mecanismos de valorización de las basuras. Uno, reciclaje; dos, valorización biológica (compostaje, digestión anaerobia, producción de hidrógeno, etc.), y tres, valorización térmica: liberar la energía que tiene la basura, llevarla a calor y por último, generar energía eléctrica. Después, antes de llevarla al relleno sanitario, se pretrata. Porque el problema de un relleno no es abrirlo sino esperar 30 años para que deje de producir gas y lixiviado. La tendencia es el pretratamiento de la basura para acelerar el proceso de producción de los gases y lixiviados, o extraerlos
de forma controlada antes de su disposición.

Aunque rellenos sanitarios hay en todas partes del mundo, son criticables y no son deseables ni sostenibles cuando reciben basura que no ha sido tratada. Nicolás Escalante, Ingeniero Ambiental de Los Andes, que cursa un doctorado en el Instituto de Ingeniería Sanitaria de la Universidad de Stuttgart (Alemania), explica cómo puede ser ese proceso: “El pretratamiento puede ser térmico o mecánico-biológico. El primero se efectúa por medio de incineración y los materiales quedan mineralizados, convertidos en ceniza. En el segundo se reduce y estabiliza la materia orgánica que va al relleno. El térmico tiene mucho éxito en Europa como alternativa frente a la escasez de espacio, pero es muy costoso. El método mecánico-biológico es una opción en países como Inglaterra, donde la incineración tiene mala fama —por las emisiones—. Sin embargo está siendo revaluado pues aunque es un sistema tecnológico avanzado, emplea mucha energía y el mantenimiento de la maquinaria es costoso”. Escalante opina que esas opciones de pretratamiento son ideales pero no tiene mucho sentido soñar con soluciones que no se pueden aplicar en nuestro contexto.

Los desechos orgánicos, un gran problema

Infortunadamente, ni en Bogotá ni en otra ciudad del país existe una política o una estrategia para acelerar la degradación de la materia orgánica, para controlar la contaminación, mitigar la acción de los gases, para utilizarla en la producción de biocombustible o quemarla. De acuerdo con Nicolás Escalante, la me jor alternativa para estos desechos es su aprovechamiento en la recuperación de los nutrientes a través del compostaje y su uso en los suelos dedicados a la agricultura intensiva, incluso para los erosionados. Empero, la falta de política de Estado, la competencia con los productores de fertilizantes y las dificultades logísticas —la basura orgánica se produce lejos de los campos donde se aprovecharía— dificultan la puesta en práctica de esta opción.

El problema de las basuras es mundial y según Nicolás Escalante, países como Estados Unidos e Inglaterra aún están en vías de resolver este asunto. Incluso aquellos como Alemania, que han encontrado soluciones, llegaron a ellas más por ensayo y error que por un método científico.

Escalante, que estudia el tema de los residuos desde hace diez años, fue instructor del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental y perteneció al Centro de Investigaciones en Ingeniería Ambiental (CIIA). A su regreso se vinculará de nuevo a ese Departamento como profesor asistente. En su investigación para el doctorado busca el método apropiado para diseñar soluciones a la disposición, adecuadas a las economías en desarrollo. Soluciones
que, piensa él, deben plantearse a la medida, teniendo en cuenta las estructuras socioeconómicas y los contextos culturales. Solo de esta manera podrán encontrarse opciones viables.

Según Escalante, el principal error para enfrentar el problema de las basuras es no considerarlas como un recurso más: “Necesitamos aplicar una visión de economía cíclica y no pensar que tenemos que deshacernos de los residuos, sino que el sistema económico que los creó debe aprovecharlos para seguir subsistiendo”.

Además, la evidencia muestra que a mayor crecimiento económico mayor producción de basuras, y Bogotá está creciendo: su economía es  responsable del 26% del PIB nacional. Por ello hay que considerar la tendencia observada en Europa y Estados Unidos: cuando aumenta el consumo, la composición de los residuos cambia con mayor presencia de plástico.

A pesar de que el destino de los residuos es claro —reciclaje, biodegradación, compostaje y/o pretratamiento, antes de disponerlo en el relleno—, Escalante está convencido de que para tener un modelo adecuado, hecho a la medida, es necesario no solo involucrar a los actores del proceso, sino también saber qué futuro se quiere: “Hay que diseñarlo, planearlo, pues poner en funcionamiento la infraestructura para un sistema de separación y
aprovechamiento de residuos orgánicos puede tomar diez años.

Esto implica, además, identificar un mercado, compromiso de los hogares y acciones a largo plazo más allá de lo que quiera un gobierno”.

En eso consiste la investigación que desarrolla en su doctorado, con estudio de caso en Addis Abeba (Etiopía): una metodología de planeación  estratégica para centros urbanos en economías en desarrollo y en transición con base en modelos dinámicos de simulación. Las propuestas emergidas de un diálogo con los actores involucrados se verifican con modelos matemáticos, y con pilotos para corregir eventuales fallas que no detecta el computador. De esta forma, las propuestas se pueden ajustar para alcanzar el futuro previsto.

Recolección, un sistema injusto

Bogotá: la cobertura de recolección es muy alta, estimada en el 98%, el sistema de este servicio público es bueno y no hay competencia entre las empresas”.

Manuel Rodríguez Susa no lo cree así: “Supongamos que un camión de la basura recorre al día 40 kilómetros, los que van detrás del camión corren media maratón al día, cargando y con botas que no son adecuadas, expuestos a los malos olores entre otras cosas. Esa es una tremenda injusticia que podría evitarse”. Además, critica el hecho de que los camiones recolectores transporten la basura hasta el relleno sanitario, lo cual redunda en congestión de vías, contaminación e ineficiencia porque los vehículos que atienden los sectores del norte deben atravesar la ciudad hasta Doña Juana y devolverse vacíos a realizar otra jornada. Como opción, en diversos escenarios se habla de las estaciones de transferencia, bodegas ubicadas en el perímetro urbano adonde los recolectores deberían dejar las basuras para que más tarde, en la madrugada, un par de tractomulas las condujeran hasta el relleno.

El desarrollo tecnológico del sistema no se puede definir a priori es la hipótesis de Escalante. La composición de las alternativas para el manejo del residuo emerge del sistema social y productivo y de los valores de una sociedad. La solución que se construya hoy debe ser funcional dentro de 20 o 30 años.

Última actualización el Miércoles, 31 Julio 2013 14:43