El flujo constante del Distrito necesita planeación

Para intervenir en una urbe ya construida, la logística provee herramientas que permiten evaluar una situación existente y, a partir del diagnóstico, proponer cambios que mejoren su eficiencia.

Una ciudad es un continuo flujo: todos los días se mueven en ella personas, mercancías, vehículos, alimentos, materias primas, sustancias peligrosas, medicamentos y residuos en un ir y venir que debe ser sincronizado y eficiente. Pero en Bogotá el crecimiento suele ser desordenado e incoherente y, para encaminarlo, los sueños de investigadores y gobernantes deben alinearse con los de los mandos medios y bajos encargados de ejecutar las acciones.

Los ejemplos de ese crecimiento irregular en el Distrito son abundantes y en muchos casos se relacionan con la concentración de flujos en un solo lugar. Así ocurre con las decenas de camiones cargados de productos agrícolas que cada madrugada llegan a Corabastos; con el enorme movimiento
de personas que entran y salen del centro, o con los numerosos colegios privados cuyas sedes funcionan en el norte y obligan a los escolares a pasar varias horas entre un bus. Todos son recorridos altamente ineficientes y desbalanceados: las personas pierden tiempo, los costos aumentan y los vehículos congestionan las vías, contaminan el ambiente e incluso deben desandar vacíos el camino.

Encontrar soluciones para mejorar la movilidad de la ciudad es un objetivo de los ingenieros Nubia Velasco, Ciro Alberto Amaya y Gonzalo Mejía, investigadores del Grupo de Producción y Logística (PyLO) del Departamento de Ingeniería Industrial.

Para hacerlo, utilizan herramientas de planeación estratégica, operativa o táctica que provee la logística, una disciplina transversal a los temas de ciudad, por cuanto se ocupa de estudiar los flujos que conviven en el mismo territorio.

Para ellos, la planeación involucra sueños y deseos de cambiar; no debería centrarse en resolver problemas puntuales sino en pensar visiones de largo plazo, basadas en datos reales y en procedimientos técnicos. “No podemos hacer borrón y cuenta nueva porque Bogotá ya está construida —dice la ingeniera química Nubia Velasco, doctora en Automática e Informática Aplicadas de la Universidad de Nantes (Francia)—. Pero sí podemos usar las  herramientas de planeación para evaluar lo que ya existe; primero diagnosticamos y esto nos permite llegar a un indicador de eficiencia”.

La profesora Velasco y el ingeniero de sistemas Ciro Alberto Amaya, Ph.D. en Ingeniería Industrial del École Politechnique de Montreal (Canadá), precisan que con esas herramientas, por ejemplo, podría determinarse que el problema de Corabastos consiste en que, en las madrugadas, el tráfico
fluye hacia la localidad de Kennedy por dos únicas vías de acceso y que la solución es descentralizar el acopio de alimentos para mejorar la repartición. “Si hago desplazamientos cortos, soy mucho más eficiente en costos de transporte, gasolina y emisiones ambientales y eso afecta la calidad de vida”,
dice el ingeniero Amaya.

El ingeniero mecánico Gonzalo Mejía,  doctor en Ingeniería Industrial de la Universidad de Lehigh (Pensilvania, Estados Unidos) y director del grupo PyLO, no duda del aporte que pueden hacerle al futuro de las ciudades las múltiples herramientas de la Ingeniería Industrial. Antes, precisa, a cambio del modelo de megaciudades latinoamericanas, debe incentivarse la aparición de polos de desarrollo en regiones donde no existen. También debe priorizarse la industria manufacturera, que transforma materias primas en productos con valor agregado y genera empleo calificado, jalonador del desarrollo.

Para el profesor Mejía, el modelo de polos de desarrollo es el correcto para lograr urbes sostenibles, porque, de lo contrario, cualquier solución que se proponga será insuficiente en el tiempo. Tal es el caso de la movilidad, un tema prioritario para todos los estratos sociales y en el que discrepa de
la posición de otros expertos (ver, pág. 24). Destaca que existen herramientas que ayudarían a planear la creación de esos polos como la Dinámica de Sistemas que prevé el desarrollo en términos de habitantes teniendo en cuenta variables como posibilidades de trabajo, criminalidad, vías, escuelas
y centros de salud. También puede hacerse optimización y simulación que ayudarían a determinar cuál debería ser la magnitud y localización de las nuevas ciudades, considerando restricciones ambientales, ecológicas, geográficas e incluso prácticas.

Propuestas para mejorar la eficiencia

Los profesores Nubia Velasco y Ciro Alberto Amaya proponen superar cuatro tipos de escollos para mejorar la eficiencia en los flujos.

Lo primero es eliminar la brecha entre la visión de los soñadores con una ciudad mejor (académicos y algunas cabezas de instituciones que quieren introducir cambios, pero desconocen los detalles de cada estudio) y la de quienes deben aplicar las soluciones (mandos medios y bajos, donde surgen las resistencias). “Muchos sienten que con esas investigaciones se demostrará la inutilidad de ciertos trabajos en las instituciones y ponen todos los peros posibles”, dice la ingeniera Velasco.

El segundo cambio es propiciar un ambiente en el que los funcionarios puedan planear y no solo atender asuntos inmediatos urgentes. El doctor Amaya lo ilustra así: “Normalmente los asuntos de planeación son muy tácticos y estratégicos, pero el funcionario tiene que dedicarse a apagar incendios y a estudiar cómo descongestiona la calle 26 o dónde localiza una ambulancia”. Ese proceder impide poner en práctica soluciones de 10 o 15 años y los problemas reaparecen.

El tercer paso es modernizar aspectos regulatorios para que la planeación pueda ejecutarse. Así por ejemplo, un estudio de logística hospitalaria hecho por los investigadores Velasco y Amaya para determinar los mejores sitios de ubicación de las ambulancias se enfrentó a escollos como que no pueden estacionar en un predio privado porque son bienes del sector público.

El cuarto tema es que los planes obedezcan a políticas o estrategias de desarrollo y se desliguen de los funcionarios de turno. Un ejemplo de los beneficios de dar este paso es el caso de Héctor Zambrano, el exsecretario de Salud de Bogotá, que ocupó ese cargo durante las alcaldías de Luis Eduardo Garzón y Samuel Moreno, lo que permitió continuidad en varias investigaciones, cuyos resultados, sin embargo, han encontrado varios de los obstáculos mencionados.

Los doctores Mejía, Velasco y Amaya señalan que al hablar de la ciudad no se puede desconocer que las decisiones no son solo técnicas sino también políticas y dependen de quién sea el gobernante. “Los elementos netamente técnicos no van a funcionar porque la gente no se comporta con esa lógica —explica el ingeniero Mejía—. Se puede decir que el punto óptimo para instalar un paradero es tal, pero si los usuarios deben cruzar por una avenida insegura, o las escaleras son muy altas, no lo usan. Y si este afecta a un sindicato, lo van a bloquear. Eso no lo contempla ningún modelo de optimización”.

Por eso, para los tres investigadores, lograr flujos sincronizados y eficientes en Bogotá exige cambiar la cultura organizacional, trabajar en equipos multidisciplinarios que integren factores políticos, antropológicos, sociológicos y de ingeniería, y tener gobernantes con visión, sueños y estrategias que tomen decisiones técnicas basadas en datos concretos. Eso, en esta torre de Babel que es Bogotá, no se da de la noche a la mañana, pero hay que empezar a dar los pasos.

El Grupo:PyLO (Producción y Logística)
CONTACTO: Nubia
Velasco, ingeniera
química, profesora
asociada del
Departamento de
Ingeniería Industrial.
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Ciro Alberto Amaya,
ingeniero de sistemas,
profesor asociado
del Departamento de
Ingeniería Industrial.
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Gonzalo Mejía,
ingeniero mecánico,
profesor asociado
del Departamento de
Ingeniería Industrial
y director del grupo
PyLO.
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Última actualización el Miércoles, 31 Julio 2013 14:43