Cuando se le pregunta a sus conocidos y amigos cómo recuerdan a Joaquín Oramas, algo en lo que todos coinciden es la pasión que tenía por su profesión, la que ejerció toda su vida y con la que contribuyó de manera fundamental al desarrollo de la informática en el país.

Joaquín fue uno de los primeros egresados del programa de Ingeniería de Sistemas y Computación de la Universidad de los Andes, que inicialmente hacía parte del Departamento de Ingeniería Eléctrica, e hizo parte de un grupo de jóvenes visionarios que transformó y cimentó la educación de la computación en Colombia que, actualmente, gradúa a más de 5.000 ingenieros informáticos al año.

Fue uno de los pioneros del programa que, con el apoyo de la Universidad, viajó al exterior para especializarse e integrar, posteriormente, el grupo de profesores que aportó al crecimiento de la Facultad y le dio vida, en 1976, al Departamento de Ingeniería de Sistemas y Computación.

Para ese año, Joaquín era precisamente el director del Centro de Cómputo de la Universidad, que se había convertido en el mayor referente y soporte de las diferentes actividades de la Facultad de Ingeniería.

Bajo su liderazgo, el Centro de Cómputo no solo continuó su proceso de modernización a través de la adquisición de nuevos equipos como el IBM 360, que hizo parte de los computadores legendarios de la Facultad de Ingeniería y en el que se preparó y creció toda una generación de ingenieros, sino que dejó de depender de la Facultad para convertirse en un proyecto estratégico para la Rectoría de la Universidad, lo que le dio el estatus y la importancia que tiene actualmente.

“Uno de sus principales legados, sin duda, fue el papel que logró darle al Centro de Cómputo, porque desde allí se empezó a construir el rol fundamental que tendría la computación a nivel mundial. Él marcó esa visión de posicionar la informática como un componente natural de los profesionales modernos”.
José Tiberio Hernández, profesor asociado del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Computación

Además de su labor como líder del Centro de Cómputo, director del programa de Ingeniería de Sistemas y Computación en 1979 y como maestro de varias generaciones de ingenieros en Los Andes, Joaquín se desempeñó como Decano de la Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito, donde también fue director de Ciencias Básicas, y de la Maestría en Gestión de Información, vicerrector académico y docente de pregrado y posgrado.

Fue vicerrector académico de la Universidad Autónoma de Occidente, en Cali; director de posgrados de la Corporación Universitaria Minuto de Dios y el primer decano de la Facultad de Ingeniería de la Fundación Universitaria Salesiana, donde culminó su ejemplar y larga carrera académica.

Adicionalmente, fue presidente de la Asociación Colombiana de Ingenieros de Sistemas (ACIS), gerente general de Consultora Ltda, director de Mercadeo de Unisys Servicios de TI y Consultoría de TI y consultor independiente.

En el ámbito público se desempeñó como asesor de la Presidencia de la República y del Ministerio de Justicia e interventor del contrato de “Outsourcing” para la operación del sistema de Información de la Fiscalía General de la Nación. Fue consultor del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para el proyecto INTEC (República Dominicana).

En 1987 fue elegido como uno de los ingenieros de sistemas del año por Uniandinos, la Asociación de Egresados de la Universidad de los Andes; y durante toda su carrera profesional acumuló más de 20 publicaciones en revistas especializadas.

Para sus familiares, amigos, colegas y exalumnos, no hay duda que Joaquín fue uno de los mayores expertos en esta área en el país y un académico excepcional que contribuyó a forjar la carrera de cientos de ingenieros de sistemas que hoy son protagonistas de la cuarta revolución industrial y que con su trabajo han logrado demostrar que el sueño de esos jóvenes visionarios que hicieron parte de las primeras promociones del programa de de Ingeniería de Sistemas y Computación de la Universidad de los Andes, sería una realidad y la informática permearía todo y todo dependería de ella.

“Joaquín era una persona muy inquieta que sabía de muchos temas, no era un ingeniero de sistemas cuadriculado, era alguien con mucha visión”.
Francisco Rueda, profesor honorario de la Universidad de los Andes

Tras su partida, el 25 de octubre de 2021, todos quienes lo conocieron agradecieron su pasión, sabiduría, dedicación, orientación y paciencia.

Un grupo de exalumnos de Los Andes, en cabeza de Elizabeth Hernández , y con motivo de la realización de este artículo, se reunió de manera virtual, casi después de 40 años de graduarse, para hacerle un homenaje y recordar sus mayores enseñanzas y sus grandes legados para el programa, la Facultad y la Universidad.

“Joaquín marcó nuestras carreras, nos hizo replantear muchas veces si este era realmente el camino que queríamos seguir y los esfuerzos y retos que eso implicaba. Él representaba esa imagen del nacimiento de la informática ya que sabía de este tema a un nivel de precisión increíble. Solo tenemos agradecimiento por todas sus enseñanzas”.
Elizabeth Hernández, exalumna del profesor Oramas